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Hospitales y la UNAL: una evolución conjunta

La historia de los principales hospitales que ha tenido Bogotá está ligada, ineludiblemente, a la Universidad Nacional de Colombia. El San Juan de Dios, el Materno Infantil y la Misericordia son ejemplo de ello. *

El Hospital San Juan de Dios fue una institución clave para la formación médica en el país

El inmueble donde funcionó por muchos años el Hospital San Juan de Dios fue declarado como bien de interés cultural del ámbito nacional , según resolución del Mincultura 358 del 16 de abril de 1999.

Bogotá 17 de junio de 2020 (Secretaría General UNAL). El desarrollo de la medicina en el país desde la época de la colonia tuvo como baluarte al Hospital San Juan de Dios, una institución que vio pasar a figuras como José Celestino Mutis, permitió el nacimiento de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y ayudó a consolidar varias disciplinas de la salud en el entorno local.

En la más reciente edición de Tertulias universitarias: recordando y proyectando, los profesores Raúl Sastre, exdecano de la Facultad de Medicina; Gabriel Lonngi, pediatra neonatólogo; Juan Carlos García, médico y especialista en salud pública, y Magnolia Arango Loboguerrero, médica pediatra, narraron cómo se consolidaron los hospitales más tradicionales del país desde la época de la colonia y cómo con la inauguración de la UNAL se potenció su papel y se le dio una identidad a la medicina practicada en nuestro territorio.

De acuerdo con el profesor Sastre –uno de los cirujanos plásticos de rehabilitación más destacados del país– para entender la evolución de los hospitales locales es necesario recordar el contexto en que surgieron en el resto del mundo. “Los hospitales nacieron como hospedajes para los pobres, de ahí que tengan la misma raíz, y en el devenir de la historia tienen tres grandes momentos que son el hospital medieval, el moderno y el contemporáneo; este último, en el siglo XXI incluye aquellos que se rigen con gerencia financiera”.

El medieval, explicó, se manejaba bajo los principios de la caridad y los preceptos cristianos; por eso, en muchos casos, estaban anexos a las catedrales municipales a donde llegaban las personas más pobres, que no podían costear un médico que los visitara en casa. En el hospital moderno, ya en los siglos XVIII y XIX, se manifestó la injerencia del Estado, que lo utilizaba para controles sociales y apoyar a los heridos de los ejércitos. En el contemporáneo, que inicia a finales del siglo XIX, se aprecia la revolución tecnológica, con avances significativos en la bacteriología y la aplicación de la física y la química en la medicina.           

En el caso colombiano fue el Hospital San Juan de Dios el que pasó por aquellas etapas hasta convertirse en una institución insigne durante el siglo XX. “Primero estuvo al lado de la Catedral Basílica de Bogotá, luego en un lugar cercano a la Plaza de Bolívar y, por último, en donde quedaban los Molinos de la Hortúa, donde se inauguraron en 1926 los pabellones con arquitectura francesa que aún se conservan”, detalló el profesor Sastre.

Aporte local para el mundo

Fue en esta tradicional zona de Bogotá donde la medicina colombiana vivió una revolución, incluso con aportes mundiales que siguen vigentes. Así lo rememoró el pediatra mexicano Gabriel Lonngi, quien llegó al país por amor (se casó con una colombiana) y por el trabajo que se realizaba en el Instituto Materno Infantil, una entidad que se independizó administrativamente del San Juan de Dios, hace 76 años.

Uno de los aportes que sorprendieron al pediatra cuando llegó al país fue el programa Madre Canguro, una idea del profesor de la Universidad Nacional de Colombia, Edgar Rey, quien en 1978, ante el problema de saturación de partos y atención de prematuros, se preguntó: ¿qué necesita un niño prematuro después de salir de su periodo crítico? Él se respondió: además alimentación adecuada y buen cuidado se requiere una fuente de calor constante.

“Su método se inspiró en los marsupiales, que nacen prematuros y migran hacia el marsupio para alcanzar el término de desarrollo. Se trató de un gran momento de inteligencia del profesor Rey al percatarse que el contacto piel a piel entre mamá y bebé podía proporcionar esa fuente de calor”, aseguró el profesor Lonngi.

Tal fue el éxito del programa en todo el mundo que en 1991 la Organización Mundial de la Salud le entregó al profesor Rey, así como a los pediatras Héctor Martínez Gómez y Luis Navarrete Pérez –quienes ayudaron a desarrollar el método–, el premio Sassakawa, similar al premio nobel de medicina.

Los inicios de la pediatría

Otra institución centenaria con fuertes vínculos con la UNAL es el Hospital de la Misericordia, fundado en 1906 por José Ignacio Barberi, quien se graduó como médico y abogado en esta academia, según lo evocó la profesora de la UNAL Magnolia Arango Loboguerrero. Ella enfatizó en que estas dos instituciones fueron cuna de la pediatría en el país e inspiradoras de otros servicios especializados en esta área, como el mismo Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

“Desde la Misericordia se pusieron en práctica cosas novedosas para nuestro contexto como fue la puericultura científica, vista como la ciencia aplicada en la crianza, desarrollo y la buena formación de los niños. También se destacó por ser innovadora a la hora de atender a los menores de edad maltratados. Y en concreto con la UNAL se crearon especialidades pediátricas en oncología, neurología y cirugía, así como se aplicaron muchas de las estrategias de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y Unicef”, describió la profesora Arango.

El reto de mantenerlos

Durante la charla virtual, los expertos coincidieron en afirmar que durante el siglo XX los hospitales eran espacios consolidados, respetados y respaldados; no obstante, siempre fueron entidades frágiles, como quedó reflejado en el dramático cierre del Hospital San Juan de Dios, con cerca de 400 años de historia y que era una institución clave para la formación médica en el país. Esa vulnerabilidad no ha variado en la actualidad.    

“Son frágiles porque dependen del día a día, de la liquidez y de que les paguen las atenciones, entre  otras muchas variables que no están totalmente bajo control de las instituciones. Por eso, para el caso de nuestro Hospital Universitario, se debe tener en cuenta tres elementos para garantizar la sostenibilidad”, indicó el profesor Juan Carlos García Ubaque, doctor en salud pública. 

El primer elemento y más importante, según el experto, es el compromiso de la comunidad académica, al tener en cuenta que todas las facultades tienen espacio y que el hospital es el aula y laboratorio más grande; el segundo, es el posicionamiento que debe alcanzar alrededor de temas como la calidad del servicio, la resolución de problemas, el buen trato y la humanización de la atención al paciente. Y el tercero pasa por la política pública; consiste en crear la atmósfera idónea para que la sociedad acompañe este proyecto. En el concepto del académico saber manejar estos tres aspectos permitirá tener un hospital para los próximos 100 o 200 años. 

Cuando la Universidad Nacional de Colombia abrió sus puertas, hace más de 152 años, de inmediato ejerció una fuerte influencia en el desarrollo del país; el campo de la medicina fue uno de los beneficiados con el arribo de una institución generadora de conocimientos y avances. Hoy, según el doctor Raúl Sastre, la Universidad sigue cumpliendo ese papel, por lo que debe seguir rompiendo esquemas y el Hospital Universitario es una gran oportunidad para ello